El vuelo de 6 horas que duró 6 días

La semana pasada volví a Quito después de unas muy alargadas vacaciones en Nueva York, gracias a Tame. Ahora que ya se han cerrado las heridas procedo a contarles la pequeña odisea que tuve que vivir para regresar y en general la experiencia de volar con la aerolínea del Estado.

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La primera sorpresa llegó incluso antes de salir de viaje cuando pretendí hacer el check-in en línea, porque esa tecnología aún no llega a Tame. Los españoles que vinieron con Colón en la Santa María seguramente hicieron check-in en línea… Pero bueno, en este mundo tan tecnológico hay que luchar por mantener lo artesanal -me dije-.

Salí de Quito el 22 de diciembre y, tras una escala de apenas 6 horas en Guayaquil, llegué ese mismo día al Aeropuerto JFK. En realidad esperaba un avión bastante más nuevo que el que se encuentra haciendo la ruta entre Guayaquil y Nueva York. Al Airbus A330, recién incluido en la flota de Tame, se le nota la edad (especialmente en el sistema de entretenimiento a bordo). En cualquier caso fue un vuelo normal en el que una amable azafata tuvo la gentileza de decorar mi edición conmemorativa por los 50 años de Rayuela con un poco de café. Pero bueno, como que la mancha hasta le luce a mi libro -me dije-.

En diciembre Nueva York es lo que hay: las decoraciones y las luces de Navidad por todo lado, patinar en Bryant Park, el chocolate caliente para el frío invernal, el arbolito de Rockefeller Center, luego la algarabía en las calles por el fin de año, y todo termina con el conteo regresivo y la caída de la bola de Times Square.

Tenía planeado volver a Quito el jueves 02 de enero, pero una nevada obligó al cierre de los aeropuertos del noreste de EEUU, motivo por el cual claramente no pude volver ese día.
Entendiendo que la cancelación del vuelo había sido por causas totalmente ajenas a Tame, hablé lo más pronto posible con la aerolínea y conseguí que mi regreso se reprograme para la noche del domingo 05 de enero, ¡3 días después! Pero bueno, no es tanto, es apenas un fin de semana -me dije-.

Luego de tres días de gastos no planificados (viernes, sábado y domingo), llegué al JFK, por cualquier cosa, con varias horas de anticipación, pero nada…
Unos, no sé, 250 pasajeros, estuvimos por horas haciendo fila como cojudos en espera de que alguien nos diga algo, pero nada…
La primera información que nos decía que el avión que nos tenía que regresar nunca había salido de Guayaquil llegó por fuentes no oficiales. Y yo me pregunto entonces: si sabían que nunca hubo avión, ¿cuál era el objetivo de tenernos pelotudeando en el aeropuerto y sin gota de información? Ni idea.
Unas 6 horas después de que llegué al aeropuerto, a eso de la 01h00 del ya lunes 06 de enero, finalmente estaba hablando con una señorita para arreglar mi situación. Mis opciones eran salir, quizás, ese mismo día más tarde o, de lleno quedarme hasta el fin de semana. Pedí y me reprogramaron para ese mismo día y me dieron un voucher para el hotel. Le pregunté a la señorita a que hora estaba previsto que salga el vuelo, pero nada…
Cansado de estar en el aeropuerto y cansado de esperar el bus que nos iba a llevar al hotel, decidí, con maletas y todo, irme en metro. Resultó ser una gran decisión porque cuando llegué al hotel aún no había señales ni del bus ni del resto de pasajeros.

Tres horas de sueño después, volví en metro al aeropuerto esperando ya tener algo de información, pero nada…
Pasé unas 14 horas ahí, hasta que tras las quejas de los pasajeros (siempre muy a la ecuatoriana), salió la máxima autoridad de Tame en NY a decirnos que habían intentado conseguir un avión portugués y luego uno inglés, sin éxito (como quedaba claro), pero que el Airbus A330 de Tame, el único que cubre la ruta a NY, ya estaba listo para volver a operar y que ahora si estaba confirmado el vuelo a Guayaquil para el martes 07 de enero. Pregunté como iban a hacer con los pasajeros con destino a Quito, pero nada…

El martes, con 8 horas de sueño en dos días, volví por tercer día consecutivo al aeropuerto para ver que pasaba. Nos dijeron que el vuelo saldría a las 11h30. Salió a eso de las 14h00. Volví a preguntar a la gente de Tame si alguien tenía idea de que iba a pasar con los pasajeros con destino final Quito, pero aún nada…
Llegamos a Guayaquil antes de las 21h00 y nuevamente volví a preguntar si ya sabían si iba a haber un vuelo para los pasajeros de Quito, pero todavía nada…
Después nos dirían que si había un vuelo y que saldría a las 23h30. Salió después de la 01h00 del ya miércoles 08 de enero y aterrizó en el Mariscal Sucre antes de las 02h00. Mi maleta llegó con las rueditas rotas… Pero bueno, al menos ya estoy en Quito -me dije-.

Y así es como se logra que un vuelo de seis horas, dure seis días.

Me acordaba como 4 años atrás, en ese mismo aeropuerto, enteramente por mi culpa, perdí un vuelo. Y aún no siendo responsabilidad de la aerolínea (Delta), me ayudaron cambiando la fecha de mi vuelo sin costo alguno y sin tenerme hueveando por horas en el aeropuerto. Con todo lo que viví con Tame, siendo su responsabilidad toda la situación, no quiero ni imaginarme que hubiera pasado si la culpa hubiera sido mía.

Me quejé en twitter de todo esto y le pedí información a la cuenta oficial de Tame, pero nunca recibí una respuesta, aún cuando desde esa misma cuenta si se dieron tiempo para tuitear sobre sus promociones y destinos, y para responder a otros clientes. Quienes si respondieron mis tuits fueron otros usuarios inconformes con el servicio que brinda la aerolínea.

Finalmente debo decirles que Tame compensó a todos los pasajeros del vuelo por los inconvenientes con $500 para pasajes, así que hay buenas posibilidades de que vuelva a volar con Tame en un futuro cercano. Eso si, tocará planificar ese viaje con fechas bastante más flexibles, por cualquier cosa.
“Vuela Ecuador”.

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